Belleza, sencillez y elegancia

de lo inesperado.

Ahora que todo el mundo hace fotos surgen multitud de opiniones para calificar una fotografía. El narcisismo "que todos tenemos" cuando presumimos de las imágenes que hacemos nos hace perder la objetividad para auto calificarnos. ¡Sin embargo!  sí parece que somos capaces de calificar las imágenes de los demás.

A lo largo de mi vida profesional, he tenido que dirigir multitud de imágenes, preocupado siempre por el control de luces, composición, sombras, brillos, foco, etc.  pero me he dado cuenta, que muy pocas imágenes de esas me han dejado huella. En estos momentos, me siento bien haciendo fotos espontáneas, casuales, inesperadas, incontroladas, movidas... incluso desenfocadas. Lo que he descubierto es que todo lo que ocurre alrededor de esas imágenes, todo eso que no llega a captar la cámara, eso que se guarda sólo en tu retina, que tu conoces y los demás imaginan, eso, es el gran valor de la imagen.

Una imagen es una historia incompleta que sólo la disfruta el que la ha vivido. Seguramente con la IA, en un futuro no muy lejano, toda imagen irá acompañada de un relato que la complemente para que deje de ser un fotograma de una historia incompleta.